Trío
Cada día paso por la puerta de la biblioteca. Y recuerdo a aquel chico rubio que una vez me robó la respiración. En realidad no era rubio, era mera anécdota. Y aunque ahora esté lejos ( “mi madre le cuenta orgullosa a las vecinas que su niño se va a hacer un máster al extranjero”, me dijo en septiembre), sé que volveré a verlo en la puerta de esa biblioteca.
Hazte amiga sólo de los guapos, me dijeron las niñas el primer día del último año. Y eso hice. Miré alrededor y escogí al niño popero, despeinado y risueño. Con su perpetua sudadera roja. Silencioso y tranquilo. Empezamos intercambiándonos prácticas y acabamos compartiendo conocimientos en los exámenes y cafés de sobremesa. Y entre café y café, mi estómago sufría las consecuencias de tenerlo cerca.
Un día apareció el compañero de piso en el escenario, y yo lo utilicé para acercarme al Rubio. Los amigos de mis amigos son amigos, decía la canción. Y resultó que el compañero lo había estado utilizando a él, desde hacía tiempo, para acercarse a mí. Entonces lo entendí todo y la lucidez me arrastró al desconsuelo. Pese a ello, durante algunos meses, y en triángulo, compartimos momentos de cerveza y un sofá cuando retransmitían fútbol en amarillo. Me negaba a rendirme a la evidencia.
Pronto conocí a otros, y liberada del dolor y la inquietud, empecé a disfrutar los cafés con él. Porque ya no me importaba, porque ya no necesitaba causarle buena impresión. Comencé a ser yo y aprendí a verlo de otra forma, sin la opacidad que ciega cuando interfiere deseo. Sin que mi estómago se retorciera. Llegué a apreciarlo mucho.
Dentro de varios meses, si vuelve de aquella tierra inhóspita, a su casa, me lo encontraré. Estoy segura.


Selene dijo
Amores platónicos... o no?? ;)
8 Marzo 2006 | 10:55 PM